22.9.09

ESTOS PIBES CANTAN

Hoy hemos asistido impávidos a un hecho inédito. En una hermosa sala de la ciudad de La Plata, un grupo de melómanos se ha juntado a cantar. Insólito digo porque en estos tiempos de espanto y materialismo absurdo, que un grupo de gente perfectamente apta para producir riqueza para sí, se dedique a una actividad no mensurable en dinero, se presenta como un hecho que casi mueve a compasión. Lástima, pienso, por nosotros los que, metidos hasta el cogote en las miasmas del consumismo idiota, nos perdemos la maravillosa aventura de compartir la música. Y cantan, esos tipos y minas, cantan. Les brota de la garganta un amor sin condiciones, sin angustias, sin prejuicios y, sobre todo, se adivina sin plazo de vencimiento. Esa gente cantará aún cuando todos nosotros no tengamos voz ni para protestar por un sistema que nos dejará inexorablemente en la ruina más atroz: la inevitable debacle de nuestra pobre existencia. Cantan una chacarera con el mismo desparpajo con que encaran un Guastavino, se le animan a un candombe siendo todos blancos rubios arios y descendientes de centroeuropeos que jamás vieron de cerca un negro candombero del rio de la plata. Y les sale, eso es lo maravilloso, hasta se acercan al ritmo. Después echan a volar una obra nueva, el autor asiste a ese inopinado momento con una mezcla de estupor y orgullo por ese hijo que ha dado al mundo. Y nosotros escuchamos ritus Facttum est, como sentados en la catedral de Reims el viernes santo pasado, con siete viejas llorisqueando de dolor por el Cristo que, juran, vuelve a morir por nosotros que no merecemos tamaño sacrificio y nunca, pero nunca jamás, lo mereceremos. Las voces lucen al fiatto y no dejan ni siquiera mirar a los coreutas, uno cierra los ojos e imagina un pañuelo que vuela en el aire en una carpa de salta, o un pescador en el litoral procurando el sustento diario. Todo eso en una mezcla pavorosa, fantástica que acrisola una única y maravillosa ensalada. Por obra de ese pequeño gran acto de magia alli estaban poulenc, el cuti carabajal, tomas de victoria en primera fila y en la segunda una señora que nos hizo saber que tenía un celular con un rington de los pibes chorros, athos palma que estaba alli porque yo tenía la esperanza que cantaran su gloria, se desternillaba de risa. Cuando salíamos, algunos filosofaban sobre el poder de la musica, y otros desesperabamos por saber la proxima actuación.
A los coros del departamento Cólon, Coral Candilejas, Coro Voz con Voz y Coral Despertares, dirigidos todos por el maestro Leonel Policastro, sólo resta decirle que han dejado una impronta en la ciudad de La Plata, en las mentes de los y las platenses. Las postales de ese viaje son muchas y quedaran en las pupilas de los que lo vivieron. Tal vez haya sido la República de los niños, lugar de asilo de estas voces, el lugar mágico que necesitaban para reafirmar el amor por esto que hacen. Y que lo sigan haciendo.

2 comentarios:

Alejandra dijo...

y cómo cantan!!! jajaja. Para todos los pibes de los coros: un Beso Grande!!!
Se viene la cena de fin de año eh... jajajaj. Chauchas!!!

ileana dijo...

Que Lindooo viajee...una experiencia inolvidable (=
Y vamos por mas!!
besos Para todosss

Se Los quieree